EDITORIAL

En China el chop suey no existe. No es un plato can- tonés ni pekinés, a lo sumo californiano. Se dice que los trabajadores del tren transcontinental, la mayoría inmigrantes de Guangdong, se reunían a la noche y todo lo que tenían iba a parar a la sartén. Otra mitología cuenta que el autor del plato fue un cocinero imperial (no podía ser de otro modo), que servía a un diplomático de la dinastía Qing en Was- hington. Lo cierto es que la receta surgió como una mezcla, un encuentro o desencuentro entre el Este y el Oeste, que fue adaptándose al paladar de cada país y ciudad de las Américas.

Nuestra Chopsuey también sabe a mezcla, pero sin arroz o verduras, solo letras en español y chi- no, con pequeños préstamos del inglés. Sin recetas preestablecidas, la revista busca ser una propues- ta, un intento de acercarse a una cultura en la que vivimos, pero que por momentos parece distante y confusa. A veces sosa, a veces demasiado picante.

Nos gustan las historias que reflejan el día a día, que se arrojan desde la superficie para bucear de- bajo de los estereotipos y descubrir el detalle que vislumbra ese oriente tan imaginado como real. Nuestra apuesta por la no ficción, la crónica y el ensayo es un homenaje a una geografía que nos in- terpela, nos obliga a hacer preguntas y escuchar, aunque a veces “W ting bu d ng” se torne la frase de cabecera.

Como una revista de hispanos en China, también creemos en la potencia de nuestro idioma, en su expresión justa, pero también en el olor a papel re- cién impreso. Sospechamos que los buenos relatos encuentran a sus lectores tarde o temprano y que lo vivido, cuenta.

Las historias, poemas y traducciones nos sir- ven de excusa para empezar un diálogo. Por eso, este número está dedicado a los vínculos, ya sea entre personas, géneros, trabajos o familias. Ha- blamos de un nosotros (我们), un nosotros inclu- sivo, un estar en pareja con la gente, las culturas y los lugares.

lLucila y Salvador